jueves, 12 de mayo de 2011

REPORTAJE FOTOGRAFICO


El único testimonio gráfico de una boda son las fotos y el vídeo. A pesar de que es un gasto del que muchas veces querríais prescindir por el gasto que supone, sin duda se trata de un recuerdo para la posteridad.

Es vital elegir un buen profesional que, además de su pericia con la cámara, tenga siempre un plan B, por eso es aconsejable huir de aquellos fotógrafos amateur que trabajan en otra actividad pero que se dedican a fotografiar bodas los fines de semana. Normalmente trabajan ellos solos y, en caso de problemas con el coche, enfermedad o acontecimiento personal, no pueden cumplir sus compromisos. Tampoco es lo ideal un amigo o un familiar, ya que el nivel de compromiso es distinto y, para empezar, se está utilizando su tiempo de ocio para una actividad mercantil. Una empresa organizada que cuenta con diversos fotógrafos, material de confianza y gran experiencia, es la mejor opción siempre.

A la hora de contratar los servicios fotográficos y de vídeo, es imprescindible preguntar en la iglesia y el espacio destinado a la celebración si disponen de un fotógrafo en exclusiva y qué precio tiene la sanción por llevar vuestro propio fotógrafo. En la mayoría de los casos es mejor pagar este recargo por poder elegir y evitar quedar horrorizado con el resultado final, después de haber pagado el trabajo. En este apartado las improvisaciones y los ahorros suelen ser sinónimo de fracaso. Hay que tener en cuenta con el fotógrafo elegido si, dentro del presupuesto ofertado, está incluido un segundo fotógrafo, las horas de trabajo y cuántas necesitará realmente, qué equipo llevará y qué trabajo de posproducción realiza. Debe estar preparado para todo tipo de imprevistos, baterías, cámaras de repuesto, luces, etc… Asimismo hay que preguntar por los montajes, la posibilidad de realizar álbumes extras y siempre especificar lo que deseáis. Hay parejas que quieren que el fotógrafo esté en todo momento, o simplemente que su reportaje se ciña a la ceremonia y banquete, sin que fotografíe el momento de la barra libre, por ejemplo.

Antes de contratar a este profesional, es necesario reunirse un par de veces con él para tratar diferentes aspectos, como los descritos en el párrafo anterior y también resulta muy útil para este profesional conoceros, ver qué tipo de pareja sois, qué os gusta y qué no, qué planes tenéis y cómo veis vuestro futuro en común. De esa forma, el fotógrafo se hará una buena idea de qué momentos son buenos para filmar, qué miradas hay que captar y qué gestos son totalmente personales y merecen la pena ser testimoniadas.


Elección del tipo de reportaje

El estilo clásico o tradicional sigue siendo el preferido todavía. La calidad y el precio así como la satisfacción de colocar las fotos a elección de los novios, son decisivos a la hora de elegir esta opción.
El libro de fotos o fotografía digital, algo más costoso, requiere de una gran dosis de paciencia y de sensibilidad por parte de la persona que coloca las fotos en el álbum. Este trabajo de posproducción precisa de muchas horas delante del ordenador y saber bien qué es lo quieren los novios.

Como idea final aprovechamos para sugeriros un reportaje o shooting previo a la boda. Lo ideal es que la pareja se reúna con el fotógrafo en un escenario habitual (cafetería, casa particular, parque) unos días antes y realicen un reportaje lo más espontáneo posible, con ropa cómoda y en algunas situaciones habituales. Es un recuerdo bonito y además “da tablas” para el día D. El fotógrafo debería ser el mismo que luego estará el día de la boda y se establece una relación previa y sin nervios ni posados, ni familiares. De esta forma el fotógrafo irá captando momentos espontáneos y preciosos y acudirá a la boda mucho más convencido de cómo será el trabajo final. Verdaderamente este breve reportaje previo merece la pena y es realmente divertido.

martes, 26 de abril de 2011

Nueva lista de bodas Zankyou

Zankyou es un servicio de lista de bodas adaptado a las necesidades de cualquier tipo de novios. Gracias a su novedoso sistema, podéis incluir regalos creados por vosotros mismos, como las etapas de vuestro viaje de novios, una cena en un restaurante especial o una contribución a una asociación humanitaria. El único límite es vuestra imaginación.

Recibiréis en vuestra cuenta bancaria habitual el 100% del valor de los regalos realizados por vuestros invitados, combinando las ventajas de las listas de bodas tradicionales con las de dar el número de cuenta. Además, tendréis la libertad de poder utilizar el dinero recibido como queráis, dónde queráis y cuando queráis. Todo ello, sin obligaciones de comprar en determinadas tiendas ni durante un periodo de tiempo y disfrutando de los descuentos exclusivos en agencias de viajes y tiendas de muebles y decoración para los novios de Zankyou.

También, dispondréis de una web privada para vuestra boda sin publicidad, completamente personalizable y con funcionalidades especialmente diseñadas para ayudaros a hacer de vuestra boda todo un éxito, pudiendo integrarla en otra web externa si ya tenéis una.

martes, 12 de abril de 2011

ARRAS MATRIMONIALES Y ALIANZAS


Las arras matrimoniales son, tradicionalmente, trece monedas que los novios intercambian en la ceremonia religiosa preferiblemente, y que representan el contrato entre el hombre y la mujer ya que, esta última, ha de contribuir a su mantenimiento por parte del marido ya que él será quien trabaje y aporte dinero al nuevo hogar.
Las trece monedas tienen su origen en la creencia árabe de que cada moneda representa un mes del año y, la decimotercera la moneda para los pobres.
En la Edad Media, las arras eran denominadas dote matrimonial y su función era claramente mantener a la esposa en caso de enviudar. Con esa dote, se supone que la viuda podía vivir de las rentas de dicha dote hasta volver a casarse. Para fomentar los matrimonios, las arras podían llegar a pagarse a plazos.
Las cartas de arras son sermones eclesiásticos sobre el matrimonio con lecturas de la Biblia. Se conserva alguna carta de arras de los siglos XI a XIII pertenecientes a nobles y familias acomodadas que incluyen como arras, tierras, reses, casas o incluso ropa y ajuar.
Actualmente, las arras sólo se utilizan en la ceremonia religiosa y tienen mero valor simbólico. Normalmente se adquieren en joyerías y suelen ser de plata o alpaca, más económicas que las de oro, aunque los más prácticos, suelen utilizar trece piezas de la moneda en curso que han llevado previamente a una joyería a dar un baño dorado por un coste bajo y cuyo resultado es igual de bonito que las arras originales.

Las alianzas simbolizan el compromiso entre los esposos. La alianza de boda se coloca en la mano derecha o izquierda, en el dedo anular. Según la tradición y las diferentes zonas geográficas, se hará uso de una u otra mano.
Esta práctica es meramente ceremonial y su ausencia no invalida el matrimonio que puede celebrarse y es totalmente válido sin el intercambio de anillos aunque la tradición marca que esta costumbre se celebre en bodas de carácter religioso y civil.
El intercambio de anillos tiene su origen en la tradición judía. Ya los romanos utilizaban anillos para sellar cartas ya que, en ellos, llevaban abierto su sello y se solían aportar en contratos en señal de prenda. De esta forma el marido daba su anillo a su esposa para sellar los cajones, armarios y arcones que había en la casa. De esta forma quedó patente que el anillo era muestra del ofrecimiento del matrimonio.
Más adelante, los cristianos grabaron en el anillo el signo de la fe como señal de amor mutuo. Se colocaba, inicialmente, en el meñique de la mano izquierda por contener, dicho dedo, una vena que llega hasta el corazón. En esta época las alianzas eran de hierro sin piedras añadidas, aunque en el siglo II, se estableció la costumbre de hacerlas de oro, que ha continuado hasta nuestros días.